Prosa

 

Primer premio: “Últimos tragos en el Cairo”

 

 

José Antonio Saldaña Pérez

 

 

ULTIMOS TRAGOS EN EL CAIRO.

Algo bajo la cama.

La puerta se abrió con calma. El chirrido espacioso de su gozne rompió el silencio de la noche. Una sombra, delatado poco antes por sus pasos, reptaba lentamente, rasgando la oscuridad, y frenó en seco cuando alcanzó su objetivo, tenuemente iluminada por el tímido reflejo de un farol intermitente.

Arthur Jones no se movía. Su profunda y tranquila respiración despreocupaba al intruso, que continuaba con su operación. Colocó algo bajo la cama. Después, como entró salió, dejando tan solo entreoír el eco de su aliento. El chirrido espacioso del gozne de la puerta, y sus dulces pasos alejándose.

Cuando la sombra se marchó, Arthur Jones buscó el objeto depositado bajo la cama. Era un artefacto explosivo, a punto de estallar, Arthur arrojó la bomba por la ventana, y el obsesivo tic-tac de la cuenta atrás se desgarró en el aire.

La abuela Daniela dejo todos las noches el postre de la cena bajo la cama de su nieto Arturo. Fugitivamente, cuando todos duermen, se arrastra hasta la habitación contigua y con sigilo guarda algo distinto cada día: uvas, naranjas, peras o manzanos. A veces plátanos o cerezas. Rara ocasión fresas. Nunca aguacates. Por la noche prefiere comer poco y reserva el postre para picar a lo largo de la larga mañana, siempre a escondidas. Si hay filetes o salchichas, también esconde dos o tres.

Su yerno, el señor Basilio, padre de Arturo, se enfurece, y ha llegado al extremo de golpearla y dejarla sin conocimiento(K.O.) durante cinco minutos.  Arturo, a pesar de su cobardía, ha defendido a su abuela, pero sólo la disposición a la represalia de su padre apaga sus protestas. Siempre ha sido disuasivo.

Aquello era el primer aviso. Estaba claro. Mr. Basil Bad no quería que Arthur interviniese, aunque adivinaba que él no podía dejar de ayudar a Donila Martinov. Donila Martinov fue  un leve amor, un consuelo pasajero que olvidó las maletas, el tránsito a la soledad definitivo (pues Arthur tenía mil mujeres y ningún reposo sentimental). Anna fue su único amor, y aquello pasó...

Arturo tuvo una novia: Anita. Estuvo saliendo con ella tres meses hasta que los padres le advirtieron que era retrasada mental. El ya lo sabía, pero...

Era la reina de las musas (una mujer estupenda). Sin embargo, las cosas salieron mal. Su familia multimillonaria despeñó el amor. Perdido en el barranco de la desesperación, podrido por la ley de la falsedad, el amor se perdió.

Entonces él se consoló con su abuela.

Donila fue el refugio del desamor. Arturo empezó a tocarla mientras dormía, y ahora ya desfila por su cuerpo habitualmente.

Aunque era una espía enemiga, pronto conectaron, y cuando se necesitaban acudían a la cita confusa y desesperada.

Ella bebe licor incestuoso de juventud amarga, y él se nutre de ilusión mentirosa.

No es difícil encontrar a Arturo viendo la televisión que robó, en su cuarto minúsculo y asfixiante. Tal vez esté mirándose en el espejo que encontró en el bazar de la amargura, sintiéndose el juguete de un niño que creció. Pero él alberga la esperanza de llegar a ser... Arthur Jones, espía con licencia para matar, viaja constantemente por todo el mundo, corriendo expuesto a mil y un peligros, que siempre logrará salvar. Ahora está en  El Cairo, tratando de rescatar a Daniela Martinov de las garras de Mr. Basil Bad, rata sin escrúpulos, y su principal enemigo.

Ahora está en la cocina, con la abuela, su madre y su padre vomitando furia y odio al mundo. Está a su espalda. El mira desde la ventana como llueve.

-¡Puta vieja! ¿Cuándo te vas a morir de una puta vez? ¡So cabrona!

La madre recoge la mesa. Todos acaban de desayunar. No cruzaron una palabra, ni dos, ni una mirada... Sólo han comido.

¡Y ese hijo puta que vaya a buscar trabajo! ¡Que estoy hasta los cojones! ¡El día que me hinche la polla lo mato! ¡Siempre con la puta tele!- Luego añade con un tono mas bajo y con mas lentitud, como cansado-  ...me cago en Diosss...

Arturo baja los ojos y ve una cucaracha en el suelo. Aplastada por su pie, se transforma en una mancha y deja de moverse. Arturo piensa: "¿Qué habrá sentido al morirse? ¿lo habrá pasado mal?... Pobrecita".

Arthur Jones se encontraba en la terraza del hotel. Reposando al sol. Aletargado. Invernando en un vaso de whisqui. Tras de sí, a un lado, atisbos de playa, cuerpos dorándose , reflejos molestos, calurosos, de la tarde ociosa.

Arturo desde la ventana. Abajo charcos muertos. Barro en el jardín.

La vecina del quinto sube cuando él baja. Cruzan una mirada furtiva y  un triste saludo obligado. Ella desprende olor a colonia barata impregnando la mente de Arturo.

- Me gusta tu perfume, muñeca.

Una sonrisa y una tarjeta con un número de teléfono fueron su respuesta antes de abandonar el ascensor, insinuante gesto de despedida.

Al salir de casa Arturo, sale el sol, hiriendo su rostro. Rechaza el saludo y escupe mocos, que quedan colgando quince segundos.

Arthur Jones encendió un cigarrillo y se propuso encontrar el escondrijo Mr. Basil Bad. Danila lo estaría pasando mal.

"En fin..." pensó Arturo"  ...tendré que encontrar trabajo".

Enfiló sus pasos hacia el bar de Joe, viejo amigo suyo, que tantas veces había arreglado sus problemas.

Arturo traspasa nervioso el umbral de la vieja puerta de madera que arropo su miedo. Sin embargo, a hora de la verdad habla con dureza.

 -Ave María Purísima.

-Sin pecado concebida.

La monótona réplica procede de Don Luis, el párroco del  barrio.

Don Luis, es el amante de su madre. Solamente Arturo conoce el oscuro secreto.

-Padre, ya me estás buscando trabajo.

-Necesito información Joe.

-¿Ya estás otra vez aquí? ¿Qué pretendes?

-Haré lo que pueda por tí, cualquier cosa.

-¡Quiero trabajo!, ¿me oyes?,¿o prefieres que mi padre y tus jefes se enteren de lo tuyo con mi madre?

-¿Dónde está la guarida de Mr basil Band? ¿Dónde se oculta esa rata?

Vete a ver a éste. Dile que vas de mi parte. Es fontanero.¿te vale?

- Ve a ver a mi contacto en el distrito 22. Toma la dirección.

 me vale todo... Adiós.

-Muchas gracias, Joe. Nos vemos.

El cura se funde con la penumbra del confesionario. Ve a través de la rejilla, que criba el pecado, cómo Arturo, el hijo de su amante, se laeja abrazando la luz potente, escenario del arco iris.

Arthur Jones dejó atrás el bar de Joe. Al doblar la esquina vislumbró en un escaparate sucio la figura de su perseguidor.

Arturo camina rumbo al futuro odiado.

Apresuró el paso. Imitado por un cuerpo gigante, llegó al puerto. Alza la vista sin mover la cabeza, deteniéndose mientras saca un pañuelo y se lo presento a su nariz. Lee un tosco cartel: "Sánchez y Baloquez. Fontaneros".

Aguardó encajado en cajas de cartón y súbitamente se abalanzó sobre el gorila. Ataque mortal.

Arturo Balbucea...

-Vengo de parte de Don Luis, que... si tiene trabajo pá mi.

El gordo del bigote le examina.

-¿De parte de Don Luis?

Sacudió su traje gris y corrigió la postura de su sombrero. Encendió un cigarrillo y continuó el camino hasta la preciada información. Secos pasos le acompañaban. El rumor del Nilo se mezclaba con sus silbidos de tranquilidad. La tertulia cesó, pero cuando aspiró y expulsó el humo, todo siguió igual.

Arturo se ha despertado a las seis y media, aunque aún sean las siete menos cuarto y no esté en pie.

-¿Qué pasa? ¿Vas a llegar tarde al trabajo el primer día ya ¡Arriba! -grita su padre. La sugerencia anima a Arturo a levantarse. La abuela teje tras el futuro desayuno humeante. Retira el cazo, pues la leche quiere escapar ya.

Escrutando la calle, husmeando el número 36, Arthur Jones halló la casa del contacto. Pisó arrastrando, revolcando, despedazando la apurada coplilla, y llamó a la puerta.

- ¿Melvin Rats?

Un hombre en bata asintió bostezando.

 -Soy Arthur Jones.

-Paaasa -dijo bostezando.

El suelo de pasillo recibidor era un espejo.

La ternura de su madre le despide.

-Suerte hijo -sugiriendo un sollozo- Ve con cuidado.

 -Mr. Básil Bad vive en los subterráneos de la ciudad. Toda la ciudad en su subsuelo es una galería laberíntica poblada por la presencia de su maldad. No sé su emplazamiento concreto, pero en cualquier recodo de la más inesperada alcantarilla puede estar esperándote. Suerte Arthur, ve con cuidado.

-¡Ah! ¡Toma! - la madre recuerda y le entrega un bocadillo Tendrás hombre.

- ¡Ah! ¡Toma! -el contacto le ofreció un arma- es única, te  dará suerte.

El primer trabajo de Arturo consiste en desatascar las tuberías de unos grandes almacenes. La joven dependienta, absorbida por quién sabe qué pensamiento, mirando al techo, descubre la mirada impar de Arturo en sí. Chillona brama:

-¿Tengo monos en la cara, gilipollas?

Arturo se levanta y deja el soplete abandonado mientras él va al servicio. Olvida sus necesidades y agarra su pene violentamente. Lo estruja y se masturba. En cuarenta segundos su mano viscosa busca el papel higiénico y vuelve a soldar la tubería maloliente, mirando a la agria dependienta de voz chillona.

Arthur Jones se tomó un respiro con aquella belleza que con chillones gritos de placer ahogaba sus suspiros. Acabó pronto. Se vistió y continuó buscando hasta que la noche cayó de nuevo. Arthur Jones buscó un hotel. Las ojeras del recepcionista espantarían a cualquiera.

El portero automático está rebosante de pedradas y balonazos.

-¿Quién es? -¡Abre!

-Habitación 206. Tome su llave. Gracias.

 Su padre está borracho. Huele a pena.

En la habitación le esperaba una sorpresa. Cuatro brazos de hierro le atraparon nada más entrar. Intentó liberarse, pero en vano. Un puño de acero vino a sumarse al ataque brutal.

¿Qué tal  el trabajo, hijo? ¿Quieres comer? ¡¡¡Pues tu puta madre  todavía no tiene la cena!!! ¡¡¡Me cago en la Hostia!!!.

Arturo le mira con asco y le reprocha.

-¡Cállate, estás borracho! -Insólita valentía.

El señor Basilio busca las tijeras en la mesa. Las alza sobre la cabeza de su hijo hundiendo la palma de su mano en el cuello. La madre trata de apartarle.

Entre zarandeos apareció Melvin Rats, el contacto.

-¡Soltadle!

La madre empuña una botella de cerveza que choca en la cabeza de su esposo.

Melvin disparó a uno de ellos. El otro no corrió mejor suerte.

El señor Basilio se dirige hacia su mujer y clava las tijeras en su pecho, del que brota sangre, sangre. Arturo, semiasfixiado, rebota en el suelo.

Arthur Jones se estrelló contra la alfombra, y su oponente disparó a Melvin, huyendo a toda velocidad.

El señor Basilio desapareció pisoteando a su hijo, y dejando atrás a la abuela sosteniendo la cabeza sin vida de la madre con lágrimas rotas.

Arthur Jones encendió un cigarrillo y el humo revoloteó caprichoso hasta desaparecer en el techo oscuro. Melvin yace inquilino en el Hospital Central.

Arturo baja la persiana. Su abuela le observa (muda expresión) agazapada en una silla incómoda.

-Tengo que ir a trabajar, abuelo.

-Enfermero, cuídele bien, volveré tarde.

El gordo del bigote le examina.

-Hoy vamos a las alcantarillas. Ponte el mono y las botas. ¡y coge el soplete!

Arthur Jones se viste con ropa antibalas. Revisa su arma y se dirige a la entrada del alcantarillado. Sin embargo, las cámaras ocultas de control le han localizado.

Arturo bajó la escalera muy despacio.

-¡Más deprisa coño! ¿Qué pasa? ¿Te da asco?

¡ ... Si las miradas matasen...!

Descubre la presencia de alguien más en la pestilente galería. Una rata le saluda. El la pisa.

-¡A ver si tienes más cuidado, chaval!

-Perdone.

Tímida disculpa ritual, sabidamente meditada. Un disparo insolente empuja a su sombrero. Una mano rencorosa palmeó su nuca.

El tiroteo se toma un breve descanso. El discurso de una metralleta recién llegado lo reanuda.

Arturo vio por las rejas de un desagüe a su padre, con barba de tres días, y angustia y expectación, y saliendo de un bar.

-¡Ahora vengo!

-¡Eh, chaval¡ ¿Dónde vas? ¿Dónde vas, gilipollas?

Arthur Jones' desarma al único rival que le queda, pero logra librarse de él y los disparos no le detienen.

Su padre no advirtió la rabia que le seguía, acariciando salvaje con su mono maloliente, un soplete barnizado de barro.

Una carrera, y su sonido multiplicado, son testigos del concurso por la vida entre Arthur Jones y el esbirro de Mr. Basil Bad... ¡¡¡No¡¡¡ ... Es el propio Mr. Basil Bad!!! Ahora están frente a frente. Uno debajo del otro.

Arturo empujó a su padre a un destartalado portal, y abrasó su cara con   el soplete barnizado de barro.

Mr. Basil Bad reposa con los ojos abiertos para siempre, que servirán   de banquete a los habitantes del alcantarillado de El Cairo, ratas e insectos.

Arturo hacía fuerza en cuclillas sobre la cara carbonizada de su padre muerto y exclamó satisfecho.

-¡Toma! ¡Trágate mi mierda! ¡Cabrón!

 Por fin, lo que tanto deseó.

Arthur Jones por fin puede abrazar a Danila Martinov.

Salen juntos al exterior.

-Espérame en casa. Voy a ver a Me                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 silencio. La hora de las visitas terminó. Arturo desaparece por la esquina. La enfermera avisó al doctor.

Arturo entra en un bar y pide un batido de fresa.

-¡Lo de siempre, Joe!

El camarero obedeció al momento su orden. Sirvió un whisky doble mientras Arthur Jones recordaba a Melvin y a Mr. Basil Bad, ahora muertos. Pronto estaría con Danila.

Arthur apuró el último trago, y regresa a casa, presintiendo que una sombra colocará esa noche algo bajo la coma, el end.

 

Kazador de estrellas