PROSA

 

 

Segundo premio:  "El arte es bello en sí mismo"

 

 

 JORDI GALÁN TORREGROSA

I.E.S. "Juan de Herrera"

San Lorenzo de El Escorial

(Madrid)

 

 

EL ARTE ES BELLO EN SI MISMO

 

Todo ocurrió al final, después de ver uno de esos conciertos asquerosos de fin de curso del Instituto, ya sabes; aparece un grupo de tíos "guays" cantando cancioncillas bonitas, pues eso, tú ya sabes. Bueno, pues así que estuve como media hora insultando a esos animales que estaban encima de aquel escenario, hasta que me paré a pensar y dije: "sí, serán estúpidos pero por lo menos hacen lo que les gusta". La verdad es que yo nunca he hecho lo que mes gusta, simplemente me he dedicado a criticar las cosas que han hecho los demás.

Pues eso ya se había terminado. Después de aquel día decidí hacer lo que quería..., aunque ¿qué coño quería hacer yo?. Entonces apareció mi padre y me dijo:

-               Hijo, ¿has pensando ya lo que vas a estudiar en la universidad?

- ¿Cómo?. No se de qué me hablas.

- Hombre, yo supuse que ibas a estudiar algo después del instituto.

- Pues es verdad. No se me había ocurrido. Estudiaré Historial del Arte.

¿Por qué dije eso?, no lo sé, pero si lo dije sería por algo. Total, que me fui a hacer el examen de selectividad. Al final me aprobaron, aunque eso no es lo importante, la cuestión es que encontré a un tío que iba a hacer también Historia del Arte y el chaval me estuvo recochineando durante más de una hora en un bar todas las obras que había hecho: que si veinte cuadros "post-impresionistas", dos esculturas renacentistas, una obra de teatro barroca y, por la forma de comer que tenía, parecía que en ese mismo momento iba a hacer una obra surrealista con el bocadillo de calamares. De todas las maneras, a mí ese hombre me parecía un gilipollas porque, ¿qué clase de persona es ésa

que chulea de hacer obras que ya se han realizado hace años y que no tiene nada de original ni de pionero?. Pues eso, un gilipollas.

Ese gilipollas me influyó hasta tal punto que ese verano me puse a producir "obras de arte". Primero robé de la casa del vecino un trozo inmenso de granito para hacer una escultura. El problema es que la creación de la obra tuvo que quedar retrasada tantos días como hube de permanecer en cama, a causa de mi lumbago terminal. Cuando me recuperé, cogí un martillo y un cincel y comencé a darle golpetazos al trozo de granito. Cada vez que 1 proporcionaba un golpe al granito, salía despedido un trozo de pedrusco, el cual se incrustaba en mi cara y algunas veces en mis ojos. Al cabo de media hora fueron tantos los golpes que mis pupilas recibieron por parte de aquellas minúsculas piedras que su hinchazón provocó el que ya no pudiera mover los párpados.

Después de eso descubrí que lo mío no era ser escultor, pero no por ello desistí de mi intento de buscar el arte que seguro había en mí.

El siguiente paso era, sin duda, la pintura, así que me fui al Museo del Prado para ver un poco de la teoría y luego hacer la práctica. Yo ya había estado allí, pero esta vez disfruté de verdad porque me fui comiendo un bocadillo de ensaladilla buenísimo. En cuanto terminé me dirigí a una tienda y compré unos cuantos pinceles, una brocha y un rodillo, también compré tela y pintura. Corrí ilusionado a casa para pintar un cuadro, tú ya sabes que me altero con facilidad. Entonces comencé a echar trozos de pintura, siempre con una sonrisa en la cara, sobre el lienzo; mientras lo hacía pensaba que iba a ser famoso y- pasar a la historia, que mis obras serían inmortales y que a partir de ese momento, por cualquier cosa que hiciera, me pagarían millones (esto era lo que más me gustaba).

Cuando terminé el cuadro, lo miré bien y lo único que vi fue un trozo de tela con un gran número de pegotes de pintura. Lo peor vino cuando me levanté y contemplé las paredes como una extensión de aquel horrendo cuadro.

Aunque no tengo mucha paciencia, y tú lo sabes, este verano significaba algo especial para mí. Una tarde, en el supermercado, vi un cartel en el que ponía algo sobre un concurso de libros. Esto me venía muy bien para explotar mi faceta como artista, esta vez en la literatura. Sí, vale, ya sé que en el instituto escribía mal que, para que no hiciera el ridículo, el profesor me obligaba a no hacer los comentarios de textos. También recuerdo que en un concurso literario del mismo centro, me dijeron que me daban el primer premio si no escribía nada (yo me negué y, por cierto, escribí un libro buenísimo). Mis antecedentes en el mundo de la escritura no me iban a impedir participar en este certamen, así que cogí un taco de folios, un boli y comencé a escribir. Como es característico en mí empecé por el final y terminé por el principio (no trates de entender esto... son cosas de artistas).

Al final me quedó una genial obra sobre un perro llamado Sparci que, con la ayuda de un gato, salva a su amo, Friederich Nietzche, de un campo de concentración nazi. Era una obra maestra; lo que más me gustaba eran los monólogos de Sparsi y la táctica de Nietzche para escapar de aquella prisión, no te lo puedes ni imaginar, haciendo un túnel subterráneo... seguro que nunca se te habría ocurrido, es genial.

Al día siguiente lo llevé y uno de los que componían en jurado era Eulogio, nuestro profesor de Literatura de tercero. En cuanto lo vi me acerqué a él y le dije al oído: "este libro es buenísimo", entonces me puso una cara que, de verdad, parecía que iba a llorar. Al cabo de una semana volví corriendo, ilusionado, exhausto de alegría para ver los resultados. Había una columna en la que ponía "finalistas", mi libro no estaba allí: otra en la que estaba escrito "descalificados", mi obra tampoco estaba allí, y al final del todo había una columna en la que ponía "desclasificado"; allí estaba "Las aventuras de Sparsi y Nietzche", o sea, mi libro.

A1 principio me decepcionó un poco, pero luego comprendí que mi ejemplar era demasiado bueno para un vulgar concurso de barrio.

En julio me saqué el carné de conducir y esto me proporcionó una gran idea... la arquitectura. Me fui a la granja de mi tío Aniano, a las afueras de Madrid, y, aprovechando que se iba de vacaciones, me puse a construir una catedral de madera en su huerto. Una vez hechos los planos, coloqué un montón de troncos con la excavadora de mi tío. Luego los dispuse unos encima de otros y cuando iba a colocar una bóveda de cañón en el centro se cayó todo encima de la casa. Esto sí que fue un fracaso, pero a pesar de todo le dejé una nota a mi tío en la que ponía "lo siento mucho".

A finales de este mes. Mis padres me obligaron a ir con ellos a Roma porque tenía que ver con mi carrera. Yo no entendí porque no sé que hay que ver en Roma que tenga que ver con el arte; bueno, qué te voy a contar a ti que estás encerrado con tu padre en Torremolinos. La cuestión es que ese viaje me sirvió para más de lo que yo pensaba, porque resulta que había una filmoteca al lado del hotel, y como dicen que el cine es el séptimo arte, pues estuve toda una semana viendo buenas películas. Eran en versión original subtituladas, claro, en italiano y como las que vi eran noruegas, húngaras, suecas e incluso una estoniana, pues no me enteré de nada; aunque lo importante es que conocí a un tío majísimo que junto a mí era el único que había en el cine y que hablaba sin parar. A pesar de que no entendía nada de lo que decía, siempre asentía con la cabeza y cuando yo lo hacía é se extrañaba, entonces ponía cara como de decir "no lo sé". A1 final Luigi y yo nos hicimos buenos amigos. Nunca supe cómo se llamaba, pero como todos los italianos se llaman Luigi o Angelo, pues así se quedó, aunque... a decir verdad... nunca supe si era italiano.

En cuanto volvimos a Madrid, me compré una cámara de vídeo, no una de esas que Ilevan los turistas, sino una que llevaba rollo de película, yo que sé, algo muy complejo. El argumento de la película te va a encantar: consiste en la historia de un hombre tan vago que no salía de casa para no tener que abrir el pestillo que un día puso tan vago que no se duchaba para no tener que quitar los pelos que un día se quedaron después de que el se duchase, tan vago que no se vestía nunca por no tener que echar a lavar su asquerosa ropa que un día él mismo ensució, tan vago que ni comía ni bebía para no tener que lavar los platos ni los vasos que un día se ensuciaron y como ni comía ni bebía nada pues al final se muere. Lo mejor de la película es que me resultó muy fácil hacerla ya que no tenia diálogos y que el personaje protagonista y único lo interpretaba yo. Cuando vuelvas a Madrid te la pondré, es buenísima; tiene una escena es la que el protagonista, yo, mira a ver si se han quitado los pelos de la bañera; pero para esta toma puse la cámara debajo de la rejilla esa por donde se cuela el agua, para que quedara chulo, lo que pasa es que como la bañera tenía que estar llena de pelos, pues al protagonista, yo, de la cara no se le veía ni un poco.

Animado por el éxito que tuve con mi película, les gustó mucho a mi madre y a mi padre, me decidí a hacer teatro. Mi obra tenía que ser diferente, una novedad... y, después de mucho pensar, se me ocurrió la mejor de todas mis obras de arte. La trama consistía en: la conversación de un rabino y una monja en una parada de tren. El diálogo trata todos los temas de actualidad: el aborto, el suicidio, el fútbol y el Nuevo Testamento. Al final termina con que la monja lanza al rabino a la vía cuando viene el tren. Esta genial obra se llamaba: "Una monja y un rabino hablan de temas de actualidad en una parada de tren". Presenté mi obra en un curso de verano que hicieron cerca de mi casa. En la interpretación yo encarnaba a la mona y Narciso hacía de rabino. Nos salió bastante bien, a pesar de que era la primera vez que lo hacíamos. A1 final la gente dijo que era una mierda, pero creo que lo dijeron porque eran judíos y se sentían dolidos por la muerte al final del rabino, así que decidí que se fueran turnando: una vez era tirado el rabino otra la mona...

Ya a mediados de agosto, cuando iba a comprar el periódico, vi un cartelito que decía " SE NECESITA BAJISTA PA UN GRUSPO DE JEVI METAL". Estaba contentísimo porque era el último arte que me faltaba por explotar: la música. Lo primero que hice fue comprarme un bajo (es como una guitarra pero con cuatro cuerdas), luego aprendí a tocar. A1 final del verano me encontraba sin un duro y mis padres se negaron a pagarme la matrícula así que no pude ir a la universidad. Pero no importa porque así puedo estar todo el día haciendo arte, que un verano no te da para nada.

 

Seudónimo: Ordoño Blasco