Prosa

 

Primer premio: “Lo correcto”

 

 

JAVIER MONTERO SERRANO

I.E.S. "Velázquez" de Móstoles (Madrid) - COU

 

 

LO CORRECTO

 

Abro los ojos lentamente. La mañana ha comenzado sin avisarme. Una luz tenue invade mi habitación y la delata. Me acurruco entre las sábanas, soñoliento. Suavidad y tibieza. Miro hacia la ventana. Las tabletas de la persiana no me dejan saber nada del día que ha comenzado ahí fuera. Y sin embargo, su luz entra, por ninguna parte, pero entra. Supongo que debo levantarme... O no. No supongo nada. Me refugio en el calor de la cama. El mundo de ahí fuera es hostil, y hoy más que ningún otro día.

El ruido bronco de una puerta que se abre, juraría que en mi oreja, me despierta. Oigo pasos por el pasillo... el chasquido seco de un interruptor... y una puerta que se cierra. Escucho temeroso... Nada, no se oye nada. Menos mal. Ya creía que... ¡Brrooum! Otra puerta que se abre, se cierra, pasos... ¡Adiós! Oigo a mis padres hablando... Ya no hay nada que hacer. Se avecina lo inevitable... ¡Brroum! La puerta de la habitación gira. ¿Esconderme? ¿Dónde? No hay tiempo. "¿Estás despierto?" No contesto, pero es igual. "¡Ah! Bueno... vete levantando. ¡ vamos a desayunar! En fin, lo acepto con resignación, y me levanto... No. No me levanto... ¡Arriba! Ya está. Me he cogido por sorpresa... ¡Como todo! Se está empezando a convertir en una mala costumbre--

Tazas, cuchillos, la televisión, mis padres hablando... ¿Es que no pueden dejar,

de hacer ruido? "Acércame la mermelada " "Aquí tienes la leche " "¿quieres una fruta hijo? " "...la mañana comienza agitada, tras los ataques de ayer. Es aún pronto para valorar las consecuencias. En cualquier caso, las fuerzas de la OTAN... "¡Buenos días!" ¡Vaya! Mi hermano, el pequeño. Tampoco le ha sentado muy bien la mañana. Le miro a él y me miro a mí mismo. Bueno, a mí no puedo, pero me imagino. Tenemos un, aspecto lamentable. Parecemos dos guerreros agotados después de una dura batalla. El lo parece más que yo, con el ojo todavía amoratado y la cara raspada. Otra vez un sentimiento de ira me invade todo el cuerpo, pero esta vez está mezclado con tristeza, que lo hace todavía más denso, más monstruoso, más incierto. El mundo está lleno de gente ahí fuera, y eso lo hace hostil y perverso... ¿Perverso? ¿Por qué perverso? Perverso suena a inteligente a calculado... Supongo que todo es mucho más llano... NO sé. Supongo que "perverso" le queda grande al que le quitó, hace dos días, la "chamarra" a mi hermano. ¡A él le gustaba tanto! Con aquella cazadora parecía un aviador, un piloto de alguna guerra de hace años... Pero no sólo le gustaba a mi hermano... Claro que no iba a dejar que se la quitaran... ¡pero eso tampoco importó mucho! Sólo valió unos cuantos arañazos, y un ojo morado... "hijo, ¿en qué piensas?" "En nada ". ¡Nunca se piensa en nada! Cojo unas galletas y las mojo, de cuatro en cuatro, en el vaso de leche. Y el vaso de leche es demasiado enano. En la mesa aparece un gran charco blanco, que crece y crece, hacia el precipicio. Me aparto de golpe. Con el ruido de la leche chorreando salta la alarme. "Hijo, ¿qué has hecho?" "Pues nada". Es lo mismo, ¡tampoco nunca se hace nada! Hasta que se hace, claro, y entonces ya poco importa si querías o no querías hacerlo, si te sientes culpable, si era justo o injusto... Ya nada sirve que no hubieras hecho nunca nada... "¡Despierta!" ¿Se puede saber qué te pasa?" Uy... Eso ha sonado mal. A cabreo. ¡Y esa mirada tampoco parece muy comprensiva! Está enojada... "¡Déjame en paz! " Me voy. Cierro la puerta. Me encierro en mi habitación, y me dejo caer en la cama. La tibieza ha desaparecido. La penumbra que antes me protegía ahora me atrapa. Nada es como antes. Nada vuelve a ser igual que antes. Angustia. Me abalanzo sobre la ventana. Agarro la cinta con fuerza y... tiro. La persiana se esconde con estrépito y la claridad me ciega. Abro la ventana y miro hacia fuera. El sol brilla con fuerza y no hay ni una sola nube en el cielo y. a lo lejos se pueden ver nítidas las montañas y la gente empieza a salir a la calle y ya se ven niños que juegan en los parques y... ¿Y qué? El día no acompaña a mis sentimientos. El sol me duele. ¿Adónde voy a ir? ¿Ir? A ningún sitio. Retrocedo y vuelvo a caer en la cama. Ya fui ayer... a donde no tenía que haber ido. Estaban todos: María, Pedro, Iván, Ana... Todos. Y estaba también Carlos... Sí. Estaba Carlos. Era su casa. El corazón empieza a latirme con fuerza. Ansiedad. Me abrazo a la almohada. No quiero pensar. ¡Nunca se piensa nada! Agarro a tientas la radio. "... anote bien este nombre: Arisac, la limpieza profesional. Estamos en... muchos desean que los ataques de ayer en Yugoslavia no se hubieran producido. Los ataques servios se han inten... en Galicia y las comunidades del Cantábrico, en las que subirán ligeramente..." Busco música, algo que me impida pensar. "...si bastasen dos buenas canciones para unirnos a todos, yo podría cantarlas tan fuerte que me oyeran los sordos... " Apago la radio. Es igual. No puede borrar de mi mente la tarde de ayer. La película aún no había comenzado. Todos estaban sentados o tumbados por el suelo, delante de la tele. María abrazaba un cojín, me parece. Enrique la estaba molestando. Sí, también estaba Enrique. ¡Qué más daba! Es un chico muy tímido, muy raro... Supongo que nadie se atrevió a decirle que no viniera. ¡Pobre Maria! Le tenía que estar aguantando. Estaba preciosa, tendida en el suelo con las piernas entrecruzadas. Aparté a Enrique y me acerqué a ella. La película estaba empezando. La dije algo al oído. No me escuchó, La golpeé con un dedo en la cabeza. Se lo repetí, no recuerdo el qué. Me apartó con la mano. Me dijo que la dejara en paz. ¡Que la dejara en paz! ¡Y siguió hablando con Enrique! Me fui, malhumorado. Déjame en paz, déjame en paz... Busqué el servicio. No sabía cuál era. En el pasillo había varias puertas. Una estaba entreabierta. Pude ver una maqueta de un tren sobre la mesa. Ésa debía ser la habitación de Carlos. Siempre me han gustado los trenes. Aquel era precioso. Entré en la habitación para verlo, y junto a él...

Debo coger el teléfono y llamar. No sé que ha pasado. Tampoco he contado nada en casa. Salí corriendo, y aún no sé que ha pasado. Seguro que no ha sido nada, una pequeña herida, un diente roto a lo más... Pero no lo sé. No sé nada...

En la habitación de Carlos había encontrado un bate de béisbol. Nunca había tenido uno en las manos. Lo cogí, y acaricié la superficie suave de madera. Pesaba bastante. Recordé muchas películas. Golpeé varias veces con él la palma de mi mano izquierda. Con aquello sí que te hacías respetar... Me miré en un espejo. Había algo de apuesto en mi figura con el bate en la mano. Déjame en paz, déjame en paz... Pero no encontré sólo un bate de béisbol. Sobre una silla, de tras de mí, la vi. El águila bordada. Me acerqué despacio, incrédulo. Moratones y arañazos, y un sudor frío. La acaricié con la yema de los dedos. Sí, también ésta era de cuero, con el águila y el escudo, como las de las antiguas guerras... Busqué los puños. Ira. ¡Le faltaba un botón! ¡Cobarde! un ojo morado, y varios arañazos, y el llanto de un niño, y el dinero robado... Rabia. "¿Qué haces aquí?" Me giré sobresaltado. Carlos. ¡Carlos! ¡Había sido él! El llanto de mi hermano. ¡Había sido él! ¡Zas! "¡Déjame en paz!" grité. Y calló al suelo. Sangre, y sangre en la madera. Aparté la mirada. Miedo. Horror. Carreras en los pasillos, que se acercaban. "¿Qué has hecho ~ " ¿Qué he hecho? ¿Se movía? No. ¿No? No sé. q Qué has hecho? " No sé. Miedo: Pánico. Miré a Carlos. No podía mirar. Salí corriendo. Abrí la puerta, la cerré y corrí hacia casa. Era tarde, muy tarde, noche cerrada...

Debo coger el teléfono. Quisiera hablar con alguno de ellos, explicarles... Es igual. No quieren saber nada. Seguramente no ha pasado nada. No ha podido pasar nada... Una pequeña herida, un diente roto a lo más. Como mi hermano: un ojo morado, la cara arañada y una amarga llantina, a lo más.

Salgo de la habitación y entro en el baño. Me lavo la cara. Voy al salón. En la televisión se puede ver gente corriendo de un lado a otro, luchando unos con otros en algún concurso extraño. Mi padre lee el periódico. "Primera estimación de las bajas servias. La política dictatorial de Milosevic ha sido duramente castigada " Debajo aparecen los cadáveres ensangrentados. Sangre. Sangre en la madera. No puedo coger el teléfono. Tampoco nadie me ha llamado. Soledad. Pienso por un momento que hice lo correcto. Tenía que defender a mi hermano. Carlos es un canalla. ¡Que alguien lo entienda! ¡Que me diga que es verdad! Se lo debía, por mi hermano, por creer que podía hacer lo que le diera la gana, por todos aquellos a los que tenía atemorizados, por... ¿Por qué? ¿Por qué nadie me llama? Soledad. Soledad. Soledad...

El teléfono suena. ¿Suena? Mi padre baja el periódico y me mira. "¿Vas a cogerlo?" Sí. Suena. Descuelgo... Miro a mi padre... Miro al teléfono...

"¿Sí?" " ¿? "

¿Cómo estás?"

 ¿Enrique?

 

Seudónimo: Álvaro Barrios