Cadmos miraba atentamente
al arqueólogo, esperando oír aquello tan importante
de lo que le había hablado, tan importante como
para estar celebrando una reunión a puerta cerrada entre el Coordinador de
trabajos arqueológicos e históricos a nivel planetario y el máximo
representante de información y comunicaciones. Por la gran cristalera del salón
entraba luz suficiente para iluminarlo todo. El sol se estaba poniendo en el
extraño horizonte. Cífer, el arqueólogo, sostenía en sus manos una serie de papeles bien
ordenados. Estaba aún más nervioso que Cadmos, sus
manos temblaban arrugando ligeramente las cuartillas y todo su cuerpo denotaba
una ansiedad excepcional, mezclada con un éxtasis
de alegría.
No era
la primera vez que se trataban, por lo que Cadmos
sabia que el Coordinador era un hombre serie e
incluso un poco introvertido. En esta ocasión estaba asombrado de la vitalidad
y el nerviosismo que su interlocutor volcaba en aquellos papeles. Papeles que, según él, poseían más valor que cualquier documento
histórico, que cualquier libro de texto o artículo periodístico.
Cífer comenzó a balbucear
unas palabras mal articuladas, casi sin pensarlas:
- Por fin
se ha conseguido. Ya se
ha acabado el trabajo de restauración e interpretación. -Se acordó Cadmos, que
estaba sentado en el sillón sintético más cómo de la habitación-. Aquí, en mis manos.
Nadie sabía nada. No conocen nuestro pasado.
- Tranquilícese y cuéntemelo
todo. Si la Junta de Información Mundial aprueba el informe que redactaré, su
descubrimiento será reconocido en todo el planeta.
El
arqueólogo se sentó y respiró profundamente durante
unos segundos. Pareció relajarse. Miró a Cadmos con ojos muy brillantes, y una expresión también llena de luz. Comenzó
a hablar:
- Este es
un texto resultado de la restauración de un escrito muy antiguo. El original
estaba en muy malas condiciones, por eso hay fragmentos
que han tenido que ser reducidos. La interpretación fue muy problemática y en
ocasiones se ha basado en otros textos de la época.
El autor
es un hombre que vivió en la Época Oscura, antes de la Gran Reforma donde
empieza nuestra historia. El sistema cronológico es totalmente desconocido para
nosotros, se basa en la numeración de años. El escrito data del segundo milenio, aproximadamente del año 2010, con un margen de error de unos cincuenta años. ¿Nunca se han preguntado de dónde viene nuestra
especie? ¿Qué era antes del ano cero de la Gran Reforma? ¿Dónde vivía?. Ahora
se ha descubierto todo, o por lo menos lo más
importante. La humanidad no ha vivido siempre en las Bases Júpiter-15, alojadas en el decimoquinto satélite de este
planeta. Todo lo que conocemos es artificial y nos ha conducido a llevar una
vida acoplada a un mundo antinatural, sin saberlo.
Los ojos
de Cadmos se abrieron al máximo. No quería interrumpir. Ahora también se sentía
como si su vida dependiera de aquella reveladora información. Cífer comenzó sin
más observaciones, a leer fragmentos del escrito:
"Esa
noche comentábamos la noticia durante la cena. Era un tema interesante, pero la
verdad es que no hablábamos con demasiado entusiasmo. Le comenté a mi mujer lo
que había leído en el periódico: los residuos nucleares empezaban a ser un problema,
por lo que se había acordado arrojarlos al espacio, a la distancia apropiada de
la Tierra para no contaminarla.
Al
principio me sorprendió la noticia, pero después pensé que no era mala idea.
Ella indicó que le parecía, como si fuese lo más natural y se hiciese cada día,
que era lo más acertado ya que esos residuos eran un peligro en el planeta, en
cambio si se arrojaban fuera no constituían ningún problema. Además en cientos
de anos llegarían a descomponerse por sí mismos.
Seguimos
cenando sin darle mayor importancia. Mi mujer, Elena, mi hija Julia y yo
constituíamos una familia como tantas otras, que dependen del resto de la
sociedad pero que no se preocupan de los problemas realmente importantes que
atañen a la humanidad, que observan, en otras palabras, cómo se desarrollan las
cosas o cómo "las personas importantes" toman decisiones, sin formar
parte activa más allá de sus casas o trabajos.
Como
solía ocurrir, la noticia se dio a conocer ya cuando el programa estaba
estudiado, planificado y casi puesto a punto. Así, en apenas un año ya se
estaba llevando a cabo. Antes de veinte meses todos los residuos flotaban en el
espacio, en lugares alejados de la Tierra que no impidieran la observación de
los astros o dificultara la órbita de satélites o salida de naves de
exploración. Los residuos que se iban produciendo iban siendo almacenados y
transportados después, periódicamente, al "vertedero espacial".
El
problema llegó aproximadamente cinco anos después. Fue una noticia que no se
pude ocultar a las masas. Empezó como un rumor pero llegó a trágicas
dimensiones. Se anunciaba en todos los medios de comunicación: una
irregularidad en la órbita lunar, debida en parte a la acción de un cometa de
trayectoria impredecible, había conseguido que los residuos se desplazan,
entrando en la zona de atracción gravitatoria de la Tierra.
Conseguí
que se tranquilizara recordando que se estaba ultimando la solución, que nadie
podía permitir una catástrofe de tales dimensiones. Mientras tanto mi hija
Julia era ajena a todo esto. En su pequeña cabecita no cabía la posibilidad de
un cambio tan radical, no podía siquiera imaginarlo.
Una
semana después llegó la esperada solución, la población estaba aterrorizada,
pero confiaba en que todo saldría bien. Todos ansiábamos el día que
conoceríamos el final del problema. Pero nadie esperaba aquel desenlace. La
decisión más importante jamás tomada por los humanos, el cambio más radical en
millones de vidas. Aquella palabra nos dejó a todos sin aliento, resonó en las
mentes de cada persona. Creó un silencio abismal: evacuación.
Se supo entonces que en uno de los satélites de un
planeta del Sistema Solar, Júpiter, están construidas unas enormes bases
habitables en experimentación. Todo aquello era muy precipitado. La idea de
empezar ya a evacuar allí a la gente, y apresurar la construcción de bases
paralelas en el mismo satélite, capaces de acoger a toda la población humana.
En cada familia, en cada hogar, cada persona sostenía una lucha contra la
desesperación. Muchos no llegaban a imaginarlo, otros lo encontraban
descabellado. Pero todos cayeron al principio, como reacción más inmediata en
las redes del pánico y del miedo.
A todas
horas éramos informados de la seguridad de los viajes hasta el satélite, de la
eficacia de las bases, ahora desorganizadas pero en un futuro enormes ciudades
bajo grandes burbujas climatizadas. Consiguieron que la mayoría de las
personas, aún con miedo, aceptaremos y tuviéramos confianza en este proyecto.
Como
organizador-realizador se formó la Fundación Traslado-Estancia Bases
Júpiter-15, única sociedad en funcionamiento en todo el planeta, excepto
algunas imprescindibles que fueron obligadas a mantenerse, tales como
Institutos de medicina o medios de comunicación.
La
Fundación se adueñó de la Tierra. Era quien tomaba las decisiones, tenía
autoridad suprema en todo y todos, manejaba las masas como si fueran objetos.
Aunque no se sabía nada de sus componentes, de su estructura, de sus
intenciones.
La
Fundación Traslado-Estancia Bases Júpiter-15 era como un dios al que todos adorábamos. Era
nuestra única esperanza.
Los
transbordadores espaciales empezaban a estar listos. Grandes y potentes, lucían
en su lateral el emblema de la Fundación, un círculo rojo en cuyo centro estaba
dibujada la ciudad cubierta por una burbuja.
Se dio
la noticia de que las primeras personas empezarían a partir. Nadie sabía a
ciencia cierta cual era el criterio de elección de la Fundación. Sólo podíamos
afirmar que los niños de quince o inferior edad no serían separados de una
persona adulta a su cargo.
Fui con
mi mujer a ver las listas de los primeros seleccionados. Estas fueron puestas
en casi todos los lugares públicos de la ciudad. Aún ordenados alfabéticamente,
se nos hizo interminable mirar las iniciales de nuestros apellidos. Miles y miles
de nombres escritos con letra pequeña. Cientos de personas a su alrededor
siguiendo con el dedo las filas verticales.
Vimos
que Elena esta en ellas. Elena e hija. Yo en cambio no aparecía. Como primera
reacción caí en una desesperación total.
Pasados unos
días Elena y la niña estaban ya mentalizadas para el largo viaje. Yo no iría
con ella, pero no veríamos más adelante en el lugar donde intentábamos no
pensar, en las proximidades de Júpiter... Fuimos con el coche a la dirección
que indicaban las listas donde ella debía tomar el trasbordador. Había un
revuelto inmenso en la ciudad. Existía una gran desorganización en todas
partes. Tuvimos que abandonar el coche en medio de la carretera, como otras
muchas personas, debido al gran atasco. Caminamos apresuradamente hacia nuestro
destino. Al llegar comprobamos que se trataba de unas pistas provisionales,
construidas en un aeropuerto. Miles de personas intentaban llegar a ellas,
avanzando como hormigas en sus cercanías. Me despedí de mi mujer y mi hija en las
proximidades del aeropuerto, ya que estaba prohibido que personas no
pertenecientes a las primera selección se acercaran demasiado, aumentando el
caos que lo envolvía todo. Llevaban una maleta cada una; lo único permitido por
persona por la Fundación.
Permanecí
varios días encerrado en casa. Me sentía confuso, todo había sucedido
demasiado rápido sin dejarme ninguna elección.
Cuando partió la segunda selección tuve miedo una angustia profunda al pensar
que me habían olvidado. Por primera vez perdí la confianza en el sistema. Sólo
quedaba la tercera selección, la Tierra estaba habitada por un tercio de su
población habitual. Todos aguardábamos. Había un silencio espantoso a todas
horas del día.
El único
medio de comunicación era una emisora especial que emitía a ciertas horas por
la Fundación. En la última transmisión se comunicó que los primeros bloques de
residuos habían empezado a caer. Pero
reconfortaba a la población anunciando también que los transbordadores estarían
dispuestos en uno o dos días. A todo esto siguió un discurso de ánimo y
esperanza por parte de la Fundación.
Hasta
que por fin fue anunciada la tercera selección. Excepto algunas personas
demasiado apegadas al planeta, que decidieron no abandonarlo, el resto de la
humanidad estaba convocada en tomo a las numerosas pistas de lanzamiento,
dispersas por todo el globo.
Pasé un verdadero infierno hasta llegar a las puertas del aeropuerto donde
estaban las pistas. Había personas que gritaban que no estaban en las listas,
que golpeaban histéricamente todo lo que encontraban a su paso intentando
entrar al aeropuerto, aunque eran retenidas en las puertas. Ninguno nos
prestamos a ayudarlas.
Ya en el interior pasaron mi
maleta por un aparato, junto a centenares de ellas. Los empleados eran casi
inexistentes, muy fríos y apresurados. Uno de ellos abrió mi maleta y extrajo
el único libro que llevaba. Supuse que los libros no estaban permitidos, aunque
nadie se molestó en explicármelo.
Los
transbordadores tenían bastante peor aspecto que, cuando tiempo atrás, salían
por televisión. La multitud se apresuró a instalarse en ellos. Por dentro eran enormes, parecidos a
un avión pero con incontables salas. Faltaba en absoluto la organización. La
gente gritaba, peleaba por los asientos, armaba alborotos y su&ía ataques
de histeria. No había nadie al cargo, cada cual tenía que ocuparse de sí mismo.
Pasada
casi una hora cada persona estaba ya en su asiento. Yo estaba junto a una pared
y empecé a escuchar un silbido susurrante que salía de ella. Sentí mucho sueño
y me quedé dormido.
Cuando
me desperté me sentía mareado. Observé que lo mismo les ocurría a las demás
personas. Me encontré en la misma postura, pero con las articulaciones frías y
doloridas. Se oyó entonces una voz hueca y metálica en todo el compartimento:
"Por
su seguridad y para evitar problemas innecesarios fueron dormidos con gases al
principio del largo viaje. Durante éste fueron alimentados con gas nutritivo.
Tomen al salir dos pastillas concentradas que les serán suministradas.
Bienvenidos a la sección 132 de las Bases Júpiter-15, ano cero de la nueva era.
La
Fundación Traslado-Estancia Bases Júpiter-15 les aconseja que se dirijan al centro de
información más cercano para conocer la sección que les ha sido asignada, o la
de algún familiar. Están presenciando el principio de una gran reforma."
Se
escuchó un sonido seco y se oyeron muchos murmullos en el transbordador.
Conseguí
levantarme y sentí un horrible dolor de cabeza.
Caminé despacio entre los asientos. Pude darme cuenta de que algunas personas
aún seguían inmóviles. Muy frías.
Al salir
recibí mi dosis de comprimidos. Tenía necesidad de sentir el espacio abierto y
el aire en mi rostro. Pero con sorpresa vi que el cielo tenía un color oscuro y
sucio. El aire era pesado y estaba rodeado por grandes edificios en
construcción. Sentí un gran vacío en el estómago.
Cadmos
había seguido el relato con gran atención. Ahora el sentía también un peso en
su estómago. No sabía qué decir.
En aquel
tiempo la procreación se llevaba a cabo por parejas, -continuó explicando el
arqueólogo- además, ¡existían otras razas vivientes! Eran como los hombres pero
con otras formas y funciones. Incluso microscópicos, y por ello las personas
tenían en sus cuerpos unas defensas que les hacía menos vulnerables. Pero ¿sabe
lo más importante? Cuando en la tierra reinaba el caos, cuando los residuos
empezaban a caer, se extendieron por toda la atmósfera los efectos nocivos. A
lo largo de los siglos esto produjo en los humanos mutaciones que para ellos
pasaron desapercibidas. Todo porque los últimos humanos en llegar a las Bases
Júpiter-15 estaban
contaminados.
Primitivamente
los hombres veían y oían por naturaleza. Ahora al nacer nos acoplan aparatos
destinados a ello. No necesitaban las pildoras que tomamos cada doce horas para
poder respirar. No tenían que hacerse una dermitología o estiramiento de la
piel cada cuarto de ciclo. Incluso vivían más de dos ciclos o vueltas al Sol.
Recuerde que cada vuelta al Sol de Júpiter para la Tierra son 11,86 años.
La
Tierra... entonces no era ese planeta que hoy conocemos, desolado, oscuro, al
que ni siquiera nuestras naves pueden acercarse por su alto grado de
contaminación. Una vez fue llamado el planeta azul.
Esto y
otras cosas deben ser conocidas, ya que los responsables de la época
consiguieron ocultárnoslo, haciendo olvidas mediante prohibiciones de libros y
otros testimonios, intentando así resarcir su error.
Cadmos
seguía sin palabras, con una gran confusión dentro de sí. Sintió en la
habitación un silencio atronador y quizá por un pequeño resquicio de instinto
humano que aún conservaba en su interior, notó, al respirar, el aire sucio y
pesado. El mismo aire que había respirado desde su nacimiento.