PROSA:

Primer premio: "FOTOGRAFIA DE UN PRESENTE"

                                              

INMACULADA BLANCA MARTINEZ .   COU

I.B. "Pérez Galdós"

 

La multitud avanzaba por la acera. No había pancartas ni gritos unísonos; sin embargo, parecía tratarse de alguna manifestación por una causa perdida.

No había personas; era un conjunto de gentes diferentes, una especie de mosaico en el que sólo podían distinguirse colores.

No había caras, ni almas... Sólo pasos. Uno detrás de otro; marcados por el tiempo, por la rutina..., simplemente por la inercia. La multitud seguía avanzando entre colores grises y bocinas desesperadas.

Miles de cuerpos amarillos andaban vaciando sus cerebros. No había plantas, ni arbustos, ni flores... Sólo naturaleza muerta, naturaleza asesinada de forma cruel.

No quedaba nada.

La atmósfera estaba caldeada y el asfalto ardía de desesperación.

El reloj del tiempo había marcado toda una era. Sin embargo, la multitud seguía avanzando. Cada vez más aprisa, logrando dar a su piel amarillenta. un minuto de vida, y a su corazón de acero un segundo más de palpitaciones.

Pero entre la masa corporal debía surgir un alma, una cara, un sólo indicio de naturaleza viva.

Tenía que surgir una mañana, deteniendo el paso y la rutina, perdido entre la indiferencia, con cara azul y ojos abiertos.

Tenía que nacer como el musgo y dar color a las aceras; aparecer entre las sombras de la noche infinita.

Mientras tanto, la multitud seguía avanzando a pasos de segundo, acelerando el tiempo que corría al ritmo de sonidos estridentes, logrando transmitir al aire su clara indiferencia...

No pasó mucho tiempo; tal vez un siglo, dos... o tal vez más- Entre la multitud caminaba un niño, con ojos abiertos y color en la piel; con cuerpo azul y alma blanca.

Caminaba despacio, sin prisa. Miraba hacia los lados y...sentía. Buscaba lo rosa que había perdido hacía mucho tiempo, pero la rosa no estaba, había desaparecido entre pisadas de metal.

Lloró; el niño lloró entre columnas móviles. Y cada lágrima iba abriendo en su cara un surco de alegría.

La multitud detuvo el paso, miró al niño, y poco a poco fueron apareciendo en sus sombras caras, almas... y se fueron formando personas.

La piel amarilla se tornó rosada, y el corazón del mundo volvió a sentir.

Las gentes habían desaparecido; los cuerpos se había ido como el humo, sin decir nada.

El niño miró a su alrededor y encontró su rosa sobre el presente, entre ojos abiertos, bocas y hombres capaces de respirar el aire de la naturaleza.

Sonrió; el niño sonrió y todas las personas sonrieron, sintiendo que su corazón latía y que se había vuelto transparente.

ALMA ATA

Lema: "Fraguo con mi vivir mi compañía; con mi morir mi soledad".