Prosa
PRIMER
PREMIO:”El apagón”
Autor: Miguel Ángel
Fernández
IES María Moliner. Coslada
Curso: 1° B, de E.S.O.
"Aquella
mañana, un anciano harapiento y lleno de mugre venía arrastrando sus pies por
la calle principal de Río Cochinillos City, pueblecillo casi desconocido del
Oeste Americano..."
-¡Jo
mamá! ¡Esto es un rollo repollo!
-¿¡Pero
cómo que es un rollo!? ¡Es uno de los libros más divertidos que tenemos en
casa! Además, ¿cómo puedes decir que es aburrido si apenas llevas leídas unas
líneas?. A Juan no le gustaba nada leer, o por lo menos todavía no había
descubierto que le gustase, ya que cada vez que se ponía a ello lo hacía
apalancado en el sillón (o más bien tumbado), prácticamente a oscuras, obligado
por su madre, y lo más importante, y además distrayéndose, con la televisión
puesta; daba igual con qué programa: podía ser un concurso, un programa de
misceláneos, un documental, el resumen del partido de ayer... daba exactamente
igual; fuese lo que fuese Juan lo miraba embobado, con la boca entreabierta..y
haciendo caso omiso a lo demás que le rodeaba. ¡Menos mal que en la casa de
Juan no tenían ninguna plataforma de esas con setecientos canales!.
A la
madre de Juan le preocupaba mucho lo que le pasaba a su hijo. Además no podía
entender que su hijo viese tanta televisión, con lo que le gustaba leer a ella.
El único momento que Juan dejaba de ver "la caja tonta" era cuando
echaban programas de entrevistas y en ellos salía un escritor promocionando un
libro.
A la
vista de este panorama parece difícil que cualquier suceso pudiera cambiar el
hábito de Juan, que ya era casi una droga, ¿verdad? ¡Pues no! solo hay que
poner la situación ideal, la cantidad justa de aburrimiento, un poco de
curiosidad y mezclarlo, todo en... digo... ¡bueno! contaremos a continuación la
fascinante, pero no increíble historia de Juan.
Como ya
hemos dicho, a Juan le encantaba ver la televisión y se "tragaba"
toda la programación de las cadenas; y además odiaba leer, porque nunca se
había puesto a ello, pues un día...:
-Juan, ¡Juan!
Despierta cariño. -¿Qué quieres mamá?
-Me tengo
que ir con papá todo el día, te he dejado la comida hecha, sólo tienes que
calentarla en el microondas; si necesitas algo marca el número que hay al lado
del teléfono ¿vale? Adiós.
-Pero
mamá... ¡mamá espera! -No puedo ahora, ¡hasta luego!
Juan se
levantó en el momento en que su madre salió y medio a trompicones abandonó la
habitación y tomó la dirección de la puerta, para intentar que sus padres le,
explicaran un poco más adónde iban y porqué. Tuvo que sortear las sillas del
comedor el mueble del pasillo y la alfombra mal colocada de la entrada para
poder conseguirlo. Fue demasiado tarde cuando llegó, pues sus padres ya habían
salido, incluso del portal. Al rato recordó lo que su madre le había dicho acerca
del número de teléfono. Se acercó hacia el aparato; estaba situado en una mesa
pequeña cuadrada; constaba de dos bases: la de arriba de cristal (muy rallado,
por la cantidad de años y de uso que tenía)y la de debajo de madera. El
teléfono se solía encontrar en la de cristal, junto con una lámpara pero esta
vez se encontraba en la base de madera; junto a él se encontraba el número. El
teléfono era inalámbrico. Como Juan no sabía adónde pertenecía el número, se
dispuso como no, a ver la televisión.
Cuando
estuvo a punto de encenderla, se fijó en la hora que era en el reloj del vídeo,
pero no tenía ningún número. "¡ ¡Qué raro! !" pensó. Intentó encender
la televisión pero no pudo. Intentó encender la luz, pero no pudo. Era un
apagón.
-¡ ¡ ¡Y
ahora qué hago, si no puede ver la televisión! ! !
Juan
sentía pánico, no sabía qué podía hacer, ¡si no podía ver la televisión! Si a
nosotros nos hubiera pasado, no nos hubiéramos exaltado mucho (espero).
Juan tuvo
una reacción un tanto cargada de histerismo: salió corriendo por toda la casa
pegando gritos.
-¡No
puedo estar así! ¿Qué hago yo ahora?
Después
de meditar un rato, a Juan se le ocurrieron un montón de ideas, desde subirse a
casa del vecino diciendo que estaba solo, hasta buscar revistas donde hubiera
sido publicado algo de televisión, aunque esta idea le parecía un poco
disparatada ¿buscar algo con letras?, es decir ¿leer?, ¡nooo! ¿Para qué?
Al
intentar decidir qué hacer para no sumirse en el más profundo aburrimiento
(pese a no ser tan terrible) se le ocurrió la fantástica, fabulosa, prodigiosa
e inesperado idea de llamar a sus padres. Cuando se dirigió al teléfono y se
dispuso a marcar, se dio cuenta que no tenia línea. No fue una casualidad, es
que como el aparato era inalámbrico también necesitan alimentación de
electricidad por medio de la red, con el apagón, había dejado de funcionar.
Intentó
llevar a cabo los demás "planes" que había "planeado", pero
no pudo efectuar ninguno, ya que su vecino no se encontraba en casa, y las
demás ideas eran completamente disparatadas.
Lo que
parecía imposible podía hacerse realidad, que Juan cogiese algunas hojas de
papel, bien unidas, con letras impresas e incluso algunos dibujos o fotos, por
el mero gusto de hacerlo. Pero no. No podía ser. Juan pensó que sólo se fijaría
en las fotos de las personas que él había puesto en el aparato; al fin y al
cabo, como no escuchaba lo que decían, era lo mismo, simplemente imágenes.
Juan
estaba pensativo, sentado sobre la alfombra mirando al mueble color caoba
situado en el comedor, cuando se dio cuenta de que aparecían otra vez los
números digitales en la pantallita rectangular del vídeo, y que, por tanto,
había vuelto al bloque la corriente eléctrica y así podía ver la televisión.
Juan se puso a ello (a encender "la caja tonta", por supuesto).
-¡ ¡ ¡
¡AGGGH! ! ! ! -exclamó- ¡ ¡No puede ser! !
Lo que
ocurría era que con el sintonizados, y como a Juan no aparato, y no podía
resintonizarlos
un poco.
apagón
los canales de la televisión ya no estaban le apetecía leer nada, no había
leído el manual del . Ya veis la de cosas que se pierden por no querer leer
Probó la
opción de llamar a su madre, pero el teléfono seguía sin línea.
-¡Qué
raro! pensó- Debía estar sin línea desde antes de irse la luz.
Juan se
resignó. No tenía nada que hacer. O bueno, ¡si!: todavía podía leer. Estuvo a
punto de cometer ese grave error, (¿error?) pero se decidió simplemente a coger
las revistas y fijarse fugazmente en las instantáneas de aquellas personas que
había visto en la televisión, pero de las cuales desconocía su nombre.
Hojeó
hasta la última revista, incluso esas que su madre comparaba para que la abuela
las "echara un vistazo" los domingos, u así se estuviese quieta y no
enredase con el mando a distancia de la televisión, pero le faltaba algo. Se
había enterado de menos cosas, todavía, que cuando veía la televisión; y así se
dispuso a llevar a cabo la última idea que hace unos días se le hubiera pasado
por la cabeza: leer, un poquito, pero leer. Fue lo mejor que pudo hacer.
Primero
empezó leyendo los titulares de los artículos. A veces se le iba el santo al
cielo. Pero cuando puso un poco de atención, se dio cuenta de que le faltaba
información, y empezó a leer todo el artículo. A veces, al principio sobre
todo, tenía que leerlos varias veces. De esta forma se enteró de muchas cosas:
cuántos años tenia el Rey, quién había sido el último amor e un tal "Conde
Lecquio", cómo se llamaba esa mujer tan guapa de las películas (Míchelle
Pfeiffer) y más cosas.
Esta
información no le parecía muy relevante, así que decidió abrir un libro. El
libro se llamaba "Baldomero el pistolero" y empezó: "Aquella
mañana, un anciano harapiento..."
Mientras,
su madre desesperada, llamándole, y nadie contestaba; no era que Juan no oyese
el teléfono, era que como no tenía línea... Esa situación precipitó el regreso
de sus padres.
Cuando
llegaron a casa (sus padres, Juan no les oyó entrar; estaba muy ensimismado con
la lectura, pero hubo algo que le distrajo:
Nene! ! !
¡Ven, corre! -exclamó su madre- ¡Mírale! ¡Mira lo que hace! -¡¡¡
El verle
así fue la mayor sorpresa que se llevaron sus padres. Cuando "la
cosa" se tranquilizó, se explicaron qué es lo que habían hecho en el
tiempo que había estado separados. De repente, Juan preguntó:
-¿Qué
hora es?
-Son las
siete y cuarto.
-¡Vaya!
¡Todavía no he comido!.
Fdo.: Cachito.